Las historias geniales de Bakemarin: La mamá Colibrí




Todo empezó hace un año, como un mes antes de salir de vacaciones de semana santa. Hacía buen clima, comenzaba la primavera, las flores del jardín florecían y el perfume inundaba todo el patio. Fue uno de esos días que un colibrí decidió hacer su nido en la campana de viento a la entrada de mi casa. Estuvo ahí casi un mes, iba y volvía como le fuera propicio para mantenerse alimentado y cuidar de su nido. Primero vació las rosas del jardín, luego se desaparecía durante días enteros. 

Como decidió quedarse en la casa, cuidé del colibrí un tiempo. Además de poner flores, no había mucho que hacer. Lo que sí es que aprendí muchos datos interesantes de colibríes mientras le prestaba atención.


En primer lugar, era una mamá colibrí. Los colibríes hacen nidos sólo cuando necesitan empollar. Las hembras se encargan completamente del huevo (y en ocasiones dos), hasta que nace el polluelo.

En segundo lugar, siempre se me hizo curioso que hiciera su nido en la campana de viento, que se mueve bastante y está muy expuesta a las corrientes de aire. Resulta que los colibríes hacen sus nidos en ramas de árboles, o incluso en las mismas hojas. Así que el movimiento de las campanas probablemente le parecía muy cómodo. Igualmente, la construcción del nido la hace la hembra sola. Es una cuenca de hebras y saliva sumamente pequeña, apenas suficiente para el huevo y la mamá. Su construcción al parecer toma un día o dos, porque para cuando nos dimos cuenta, la mamá ya estaba viviendo en las campanas.

Tercer punto que aprendí de los colibríes: Como la mamá es la única que se encarga del huevo, suele abandonar el nido durante horas o incluso días para conseguir alimento. Los últimos días que estuvo viviendo en las campanas hizo mucho viento y se la pasaba lejos del nido. Duró casi una semana sin que la viéramos, incluso llegué a pensar que había abandonado su huevo. Probablemente el viento había vaciado las flores de polen y le fue difícil conseguir comida.

Todo acabo en las vacaciones de semana santa. Cuando volvimos de la playa, la mamá ya no estaba y nunca más la volvimos a ver.

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