Las historias geniales de Bakemarin: Atrapados en la motaña nevada.


 Eran vacaciones de samana santa, hace ya varios años, y tuvimos la oportunidad tan codiciada de rentar la cabaña roja de San Pedro Martir. A parte de tener cerca uno de los observatorios mejor equipados del mundo, el lugar es conservado con recelo, para mantener el cielo limpio y despejado. La urbanización es imposible, todas las luces, con excepción de las cabañas, están apagadas. A dónde veas, sólo son árboles y montañas, algunos animales tímidos y el camino de terracería para llegar hasta el centro científico.


 En estos viajes, los adultos suelen preparar comida, limpar el lugar, conseguir leña para hacer una que otra fogata, etc. Mientras tanto, los niños, para librarse de responsabilidades, se van a jugar por el bosque. Acababa de caer una nevada antes de que llegaramos y la tierra estaba cubierta por al menos media pulgada de nieve. En los lugares menos transitados, podía dejar tus huellas marcadas sin llegar a ver ni un pedazo de tierra. Me tocó estar en el grupo de los niños, pues era eso o quedarme todo el día sin hacer nada. Desgraciadamente, estos niños, que en su mayoría eran probablemente adolescentes, tenían un gusto de la aventura que más que divertido, podía llegar a ser agotador.

Bajaron por los costados del relieve de donde se encontraba la cabaña roja, hasta el punto en el que se encontraba con otra montaña, monte, o cual sea el nombre que se le da a las protuberancias del terreno dentro de una misma montaña. Al llegar abajo, notamos que había un riachuelo. Ese surco en la tierra llevaba agua hacia el valle en las faldas de la montaña. All llegar ahí, se dieron cuenta de que la subida no era tan factible como la bajada. En otras palabras, estabamos atrapdos en medio del bosque, a unos metros del refugio, pero sin poder llegar a él. Lo que es peor, por cada paso que ellos daban, yo tenía que dar dos. Incluso si alguno lograba subir, probablemente el mismo camino no serviría para mí, y no me podían dejar atrás sola. Así que comenzamos a caminar, siguien el riachuelo.

Ahora que lo pienso mejor, ¿por qué siguieron el riachuelo? El agua desciende, entre más sigas la corriente del río, más abajo de la montaña iras. No recuerdo cuanto caminamos, probablemente no más de media hora. Pero 5 minutos es demasiado tiempo en medio de personas que no hablan contigo, mientras tienes que caminar sobre la nieve, con ropa que a penas te cubre el frío y te deja moverte, porque ni siqueira estás acostumbrado al frío del lugar, mucho menos en tiempo de nevadas.

En un punto se detuvieron y comenzaron a escalar de nuevo. No estaba segura a donde iban, no alcazaba a ver que hubiera algo más arriba. Sólo empezaron a subir, marcando el primero con fuerza sus paso sobre la nieve, de tal forma que quedaba una marca donde los demás podían pisar y apoyarse mejor. Yo iba más que atrás, con el primero, tratando de alcanzar las huellas para escalar.

Cuando subimos lo suficiente alcancé a ver la cabaña. Llegamos por la parte posterior de la cabaña, el lado contrario de por el cual bajamos. Sólo le dimos media vuelta a la cabaña. No estaba segura si reírme o golpear a  quien fuera que decidió dar ese paseo.

Ahora no hay cabaña roja, pero ahí está San Pedro Martir y su bosque hermoso y puro. Si quieren ir, hagan sus reservaciones desde como 9 meses antes.

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